Un voto por la confianza
“Un voto por la confianza”
Javier Ichazo
CEO de Mibanco y líder de Microfinanzas de Credicorp
Hoy, preocupa que un factor tan determinante para la economía peruana y para el desarrollo de sus emprendedores no esté recibiendo la atención debida por quienes aspiran a gobernarnos.
En las últimas semanas, los peruanos escuchamos a decenas de candidatos exponer sus propuestas para impulsar el crecimiento económico. En ese debate, un factor decisivo para el desempeño del país ha recibido menos atención de la que merece: la confianza. Aunque la confianza no se vea ni se mida con la misma facilidad que la inversión o la tecnología, lo cierto es que esta es un insumo determinante para que una economía como la peruana funcione.
La confianza es una variable económica clave. Influye en la disposición a invertir, en la toma de riesgos, en la decisión de formalizarse y en la capacidad de planificar a mediano y largo plazo. Cuando existe un entorno predecible, con reglas claras y autoridades que las hacen cumplir, los agentes económicos pueden proyectarse, crecer y generar empleo. Por el contrario, cuando ese piso se debilita la incertidumbre se instala y el costo de decidir aumenta para todos.
Para quienes empren den, este factor es aún más relevante. En un contexto de márgenes estrechos y riesgo permanente, la confianza actúa como un ancla de estabilidad: permite asumir compromisos, acceder a financiamiento e invertir en ampliar capacidades productivas. Y, cuando esa confianza se erosiona, las decisiones de crecimiento se postergan y muchos proyectos simplemente se congelan.
Hoy, varios de los problemas que enfrenta el Perú golpean directamente ese clima de confianza. La inseguridad ciudadana es uno de ellos. De acuerdo con un estudio realizado para el Observatorio del Crimen y la Violencia del BCP, el Banco de Ideas Credicorp y CHS Consultora, uno de cada tres peruanos conoce negocios que han tenido que cerrar o restringir sus operaciones debido a la delincuencia; y en Lima esa proporción alcanza al 50%. Estas cifras reflejan no solo pérdidas inmediatas, sino también la reasignación de recursos desde la inversión productiva hacia la protección.
A ello se suma el efecto de los procesos electorales sobre las expectativas. En períodos de alta incertidumbre política, muchos emprendedores optan por esperar antes de ampliar su producción, contratar personal o formalizar nuevos proyectos hasta tener claro qué pasará con el próximo gobierno. Y la elección de unos 1,900 nuevos alcaldes en octubre, responsables de licencias y permisos, introduce un factor adicional de imprevisibilidad, especialmente cuando los trámites se perciben como complejos o poco consistentes en el tiempo. Así, no es casual que el estudio ‘Radiografía de la informalidad en el Perú’, elaborado por el Banco de Ideas Credicorp y Mibanco, identifique estos elementos como barreras relevantes que muchos dueños de negocios encuentran muy difíciles de tramitar.
Desde el sistema financiero que acompaña diariamente a miles de em prendedores, observamos con claridad cómo la falta de confianza encarece el riesgo, limita el acceso al crédito y reduce las oportunidades de inclusión financiera. La confianza, en ese sentido, no es un concepto abstracto; es una condición habilitante para el desarrollo. Por eso, más allá de las promesas electorales de corto plazo, el desafío central de nuestras próximas autoridades es construir un entorno que genere confianza de manera sostenida. Reglas previsibles, una respuesta firme frente a la inseguridad y un Estado que acompañe —y no obstaculice— la iniciativa emprendedora.
En este año electoral, la responsabilidad es compartida. Como ciudadanos, tenemos la oportunidad de apostar por liderazgos capaces de reducir la incertidumbre, fortalecer las instituciones y ofrecer un marco claro para el desarrollo económico. Porque la confianza no se decreta ni se impone: se construye con coherencia, buena gestión y resulta dos. Y, en un país de emprendedores, el elegir con esa mirada impactará mucho más allá de una elección.




