Un gobierno para los emprendedores, por Javier Ichazo - Mibanco Perú

Siguenos en Facebook

Siguenos en nuestro canal de Youtube

Un gobierno para los emprendedores, por Javier Ichazo

Un gobierno para los emprendedores, por Javier Ichazo

La apuesta por las mypes es una decisión estratégica que el país y las autoridades que hoy se elijan no pueden ni deben seguir postergando.

JAVIER ICHAZO

CEO DE MIBANCO Y LIDER DE MICROFINANZAS DE CREDICORP

Un gobierno para los emprendedores es, en esencia, un gobierno para todos los peruanos. En un país donde las micro y pequeñas empresas (mypes) representan más del 99% del tejido empresarial formal, hablar de emprendedores es hablar de empleo, de ingresos familiares y de oportunidades reales para millones de personas. Por eso, cuando el entorno no acompaña, el impacto no se limita a un sector específico, sino que se extiende a toda la economía del país.

¿Qué deben hacer, entonces, el próximo gobierno y Congreso para servir mejor a los emprendedores? Lo primero es dar estabilidad política. Hoy, la inestabilidad es uno de los principales costos para hacer empresa. El último ‘Enterprise Surveys' del Banco Mundial revela que para casi la mitad de las empresas este factor es su mayor obstáculo; percepción que se acentúa entre aquellas con menos de 20 trabajadores.

En una década, el país tuvo nueve presidentes, una alta rotación de ministros de Economía y Finanzas y un Congreso donde, con frecuencia, el debate técnico fue relegado por intereses de corto plazo. El resultado es un entorno en el que las reglas cambian, los mensajes se contradicen y la previsibilidad —clave para invertir y crecer— se diluye. Para muchos emprendedores, esto se traduce en decisiones postergadas, contrataciones congeladas y proyectos que avanzan con excesiva cautela. Y un país que obliga a sus emprendedores a operar con el freno puesto difícilmente puede aspirar a un crecimiento sostenido. Por ello, un esfuerzo real por construir un mínimo de predictibilidad sería un avance significativo para la economía en su conjunto.

El segundo frente es el de la inseguridad ciudadana, que dejó de ser un problema social para pasar a incidir directamente en la actividad económica. Según una encuesta de Ipsos para el ‘Observatorio del Crimen y la Violencia’ del BCP, más de un tercio de peruanos Un país que obliga a sus emprendedores a operar con el freno puesto no puede aspirar a un crecimiento sostenido conoce negocios que han cerrado o restringido sus operaciones a causa de la inseguridad; proporción que se eleva al 50% en Lima. La extorsión y el cobro de cupos son las principales preocupaciones, con un impacto especialmente severo en los emprendedores, cuyos negocios suelen estar más expuestos.

Más allá de las pérdidas inmediatas, este entorno obliga a muchos a operar a la defensiva: postergar inversiones, destinar recursos a medidas de protección y replantear su continuidad. No resulta sencillo esperar un crecimiento sostenido de las mypes bajo estas condiciones, menos aun en un escenario de alta rotación en la conducción del sector Interior. Así, abordar la seguridad no solo como un asunto de orden público, sino como una condición habilitante para el desarrollo económico, resultará clave para que miles de emprendedores sigan contribuyendo al progreso del país.

El tercer frente clave es el de la reducción de la informalidad. Para muchos emprendedores, formalizarse aún implica asumir costos elevados en tiempo y dinero, enfrentar trámites complejos y establecer una relación con el Estado marcada por la poca claridad y el escaso acompañamiento. Según un estudio de Mibanco y el Banco de Ideas Credicorp, el 88% de emprendedores informales tiene interés en dejar de serlo. El problema no es la falta de voluntad, sino la manera en que el sistema responde. Y, cuando una parte de las empresas percibe que obtener permisos puede implicar pagos informales o discrecionalidad, la formalidad deja de verse como una vía de crecimiento para percibirse como un riesgo adicional. Sin reglas claras, procesos simples y un Estado que actúe como abado —y no como obstáculo—, cualquier estrategia de formalización está condenada a fracasar.

El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad. Un gobierno que logre dar estabilidad, mejorar la seguridad y construir un camino razonable hacia la formalidad no solo estará fortaleciendo a los emprendedores. Estará sentando las bases para un crecimiento más inclusivo, sostenible y resiliente.