El emprendedor y el ahorro
Por Cinthia Mimbela - Gerente de Productos de Ahorro de Mibanco
El ahorro adquiere un nuevo significado cuando los emprendedores comienzan a vincular sus recursos con objetivos concretos de crecimiento, protección y futuro.
Hay un momento en la vida de un negocio en el que la pregunta deja de ser únicamente cómo conseguir dinero y empieza a ser qué hacer con el que ya genera. Puede ocurrir después de una buena campaña, cuando se termina de pagar a los proveedores y todavía queda un excedente, o cuando el negocio alcanza un nivel de ventas que permite separar algo más cada mes. Ese momento, aunque a veces pase inadvertido, marca un cambio importante: el emprendedor comienza a gestionar no solo sus necesidades inmediatas, sino también las posibilidades futuras de su negocio.
En ese punto también cambia la manera de entender el ahorro. Ya no se trata simplemente de guardar lo que queda después de cubrir los gastos, sino de tomar decisiones sobre el propósito de cada recurso. El emprendedor empieza a preguntarse cuánto debe permanecer disponible para sostener la operación, cuánto conviene reservar para afrontar una emergencia y cuánto puede acumular para concretar una inversión futura. Ahorrar adquiere así una dimensión más estratégica, porque permite ordenar el presente sin perder de vista lo que el negocio quiere alcanzar.
La educación financiera cumple un papel decisivo en esa evolución. Un estudio de 60 Decibels realizado entre clientes capacitados por Mibanco encontró que el 56% aumentó sus ahorros, mientras que el 66% mejoró la gestión de sus gastos. Más allá de los porcentajes, estos resultados muestran una relación importante: cuando un emprendedor comprende mejor cómo administra sus recursos, también fortalece su capacidad para ahorrar. El ahorro deja entonces de ser un esfuerzo aislado y empieza a formar parte de una planificación más consciente del negocio.
La evolución del ahorro también cambia la forma en que los emprendedores toman decisiones sobre su dinero. En esta etapa, el ahorro deja de estar asociado únicamente al monto disponible y empieza a estar vinculado al tiempo y a los objetivos del negocio. Cada recurso cumple una función distinta según cuándo será necesario utilizarlo y qué proyecto busca respaldar.
Esa mirada permite ordenar mejor el crecimiento. Algunos recursos acompañan las necesidades cotidianas de la operación, mientras que otros respaldan metas que tomarán meses o incluso años en concretarse. Cuando el emprendedor comienza a asignar un propósito específico a sus ahorros, estos dejan de ser un excedente sin destino definido y se convierten en una herramienta para construir el futuro del negocio.
Esta nueva manera de relacionarse con el ahorro ya empieza a reflejarse en el comportamiento de las mypes. Entre enero y junio de 2026, el portafolio de pasivos de Mibanco creció en S/600 millones. Las opciones de ahorro de libre disponibilidad aportaron S/314 millones, mientras que los depósitos a plazo fijo sumaron S/228 millones. A su vez, las alternativas orientadas a fomentar el ahorro frecuente registraron S/33 millones cada una. Más allá del crecimiento registrado, estas cifras muestran que cada vez más emprendedores comienzan a utilizar el ahorro de manera diferenciada, asignando recursos según sus necesidades, horizontes y objetivos financieros.
Este comportamiento también transforma la conversación que debemos promover desde el sistema financiero. Un emprendedor que todavía está construyendo resiliencia para afrontar imprevistos no enfrenta la misma decisión que otro que ya cuenta con liquidez y está planificando una inversión para expandir su negocio. Por ello, la alternativa adecuada no debería definirse únicamente por sus características financieras, sino por el momento que atraviesa cada empresa y por las metas que busca alcanzar.
Allí encontramos una señal de mayor madurez financiera: cuando el emprendedor deja de ver sus ahorros como un único monto y empieza a asignarles destinos diferentes. No necesariamente porque disponga de más dinero, sino porque comprende mejor qué necesita su negocio hoy, qué riesgos debe anticipar y qué oportunidades quiere construir hacia adelante. Esa capacidad de tomar decisiones distintas para objetivos distintos refleja una gestión cada vez más sofisticada del negocio.
La gestión financiera de un negocio se construye a partir de estas decisiones, muchas veces pequeñas, pero determinantes. Conseguir capital permite avanzar; administrar con criterio lo que el negocio genera permite sostener ese avance, proteger lo construido y prepararse para el siguiente paso. Es entonces cuando ahorrar deja de ser únicamente una forma de resguardar dinero y se convierte en una herramienta para construir el futuro del negocio.