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Institucionales

Aprendizajes de un CEO

Por Javier Ichazo - CEO de Mibanco y Líder la Línea de Negocios de Microfinanzas de Credicorp

Hace nueve años, asumí la dirección de Mibanco. Ha sido un período desafiante, en el que he podido trabajar de cerca con las microempresas del Perú. Ese mundo que representa el 99% del total de empresas de nuestro país y que está formado por más de diez millones de personas que conforman alrededor del 87% del empleo privado en el Perú. En todo este tiempo, he promovido su desarrollo, poniendo sobre la mesa varios de los temas que los afectan y mostrando evidencia que nos ayude a conocerlos mejor.

Hoy, sin embargo, quisiera compartir algunas cosas que he aprendido no solo en Mibanco, sino en 30 años en el mundo corporativo. Ha sido un camino largo, pero provechoso, que me ha permitido conectar con personas extraordinarias y constatar la realidad que viven millones de peruanos a diario, de Tumbes a Puno.

El mayor recurso de una empresa son las personas. Con frecuencia, me preguntan qué características debe tener un líder. Y siempre destaco una: la capacidad para ilusionar a los demás. Ninguna empresa puede prosperar solo con el empuje de un puñado de personas. En mi experiencia, he visto los objetivos asombrosos que alcanzan los equipos cuando se encuentran comprometidos.

Quienes ocupamos un puesto de poder debemos ser capaces de escuchar a otros y estar dispuestos a reconocer cuando nos equivocamos. Pero sin olvidar que ser participativo no quiere decir que debemos dejar de tomar decisiones difíciles. Porque un líder debe discutir ideas con su equipo, contrastar opiniones y aceptar discrepancias, pero ser consciente de que la decisión final es suya.

Lo que crees es lo que creas. He repetido en foros y entrevistas que los seres humanos no estamos a la altura de nuestras capacidades, sino de nuestras creencias. A lo largo de mi vida, he visto a personas muy preparadas fallar porque no se creían capaces. Lo mismo sucede con las empresas: si creemos que como organización no llegaremos a una meta, pues no lo haremos. Los resultados empiezan a darse cuando uno confía en que los alcanzará.

Esto significa también que debemos dejar de vestir los errores de culpa y asumirlos como parte del proceso. En estas tres décadas, lo que me ha quitado el sueño no es tanto equivocarme sino repetir el mismo error. Porque una cosa es ser humano –y errar– y otra es ser negligente –e insistir en el error–.

El emprendedor peruano es muestra viva de la resiliencia. En estos nueve años en Mibanco, he aprendido muchas cosas sobre los emprendedores peruanos. Ninguna me ha sorprendido tanto como su capacidad para levantarse ante la adversidad.

Muchas veces escucho decir, por ejemplo, que son malos pagadores. No es verdad. Se preocupan por cumplir con sus pagos y solo dejan de hacerlo cuando sufren un evento específico como un incendio, un robo o una enfermedad. Por ello, es importante que desde el sector privado nos compremos el pleito de la formalidad y la inclusión financiera. Y, desde el Estado, se priorice la lucha contra el crimen y la prevención ante los fenómenos naturales. Porque liberar una zona de la extorsión o lograr que sus trabajadores accedan a un seguro de salud puede marcar la diferencia entre un emprendimiento que fracasa y otro que prospera.

El Perú es un país con un potencial inmenso. Tenemos condiciones internas y externas para crecer, y un recurso humano talentoso y pujante. Empecemos por creer que somos capaces de lograr lo que nos propongamos, seamos humildes para aceptar cuando nos equivoquemos e inspiremos a aquellos con los que trabajamos. No dejemos pasar el momento.